DICCIONARIO DE MITOS Y LEYENDAS

Creencias populares y santos milagrosos

 Kiñe wentru lan turkey
(Dicen que un hombre enviudó)

* Contado por Panguilef Loncomil Coñuenao y editado por Salas (1984a: 42-62)

Un hombre enviudó. Éste es un cuento. Había una vez un hombre. Ése hombre enviudó. Quería mucho a su mujer. Quedó muy triste y sufriendo mucho. Le hizo el funeral a su mujer y la sepultó en el cementerio. Pero se dijo a sí mismo: "¿Cómo podría ver de nuevo a mi mujer?" dijo. Entonces "Voy a ir al cementerio y estaré allá observándola, ya que se dice que los difuntos salen para ir a otro sitio. Si eso fuere cierto, volveré a verla, aunque no más sea un ratito", dijo el hombre. Entonces, fue al cementerio a quedarse allá. Se quedó tendido junto al sepulcro donde estaba su mujer. Así pasó una noche.

Cuando ya estaba por amanecer, regresó a su casa y a la noche siguiente volvió a ir; ahí alojó y luego casi al amanecer regresó a su casa. A la noche siguiente, volvió a ir. Entonces, cuando ya estaba a punto de ser medianoche, el ataúd (El término que aquí aparece es wampo, "canoa", pero también "ataúd". Antiguamente los mapuches enterraban a sus muertos en una canoa, ya que pensaban que el país de los muertos se situaba al otro lado de las aguas. Este término parece que deriva del quichua. En la primera versión aparece el término ringan, que equivale a "sepulcro") produjo un ruido. Inmediatamente el hombre despertó y miró hacia donde estaba sepultada su mujer y la vio venir hacia él. Corrió a abrazarla. "¡Qué bueno que has resucitado! Volvamos a la casa", le dijo a su mujer, pero ella le dijo: "No regresaremos a la casa, yo he muerto, salí del sepulcro, pero nunca jamás he de volver a la casa; sufro mucho de verte en esto. Vuelve tú solo porque yo ya me voy a otra parte, a una tierra muy lejana y para llegar allá más rápido debo irme volando", dijo la mujer. Pero el hombre le respondió: "Yo iré contigo", le dijo. "¿Pero cómo vas a poder ir si yo voy volando?", dijo la mujer. "De todos modos iré", dijo el hombre. La mujer le contestó: "Bueno, iremos los dos. Caminando iremos los dos por un sendero angosto", se le dijo al hombre. "Pero no te cansarás", se le dijo. "No me cansaré", dijo él.

Empezaron a caminar los dos siguiendo un sendero angosto. Casi al amanecer, entraron en un gran bosque. En medio del bosque había un pequeño claro. La mujer le dijo al hombre: "Aquí comeremos algo; tú te quedarás durmiendo todo el día, a mí no me verás más porque yo me transformaré en carbón. No te vayas a ninguna parte, quédate esperándome, porque cuando vuelva a anochecer me pondré en pie nuevamente y me transformaré en gente", le dijo ella. El hombre creyó e hizo lo que había dicho su mujer. Estuvo durmiendo todo el día, y cuando oscureció, a la llegada de la noche, se sentó la mujer y volvió a ser ella misma. Nuevamente el hombre se alegró mucho al volver a ver a su mujer. Entonces comieron algo y "vamos", se dijeron.

Caminaron siguiendo nuevamente el mismo sendero angosto. Anduvieron toda una noche, y casi al amanecer, nuevamente la mujer dijo: "Entraremos en este gran bosque". Entrando llegaron a un pequeño claro en medio del bosque. Después de comer, ella le dijo: "Te quedarás durmiendo aquí, yo volveré a transformarme en carbón". Nuevamente el hombre hizo lo que le había dicho su mujer. Cuando volvió a anochecer, nuevamente se sentó la mujer y volvió a ser ella misma. Nuevamente el hombre se alegró mucho al volver a ver a su mujer. Después de comer un poco, ambos se fueron, otra vez siguiendo nuevamente el mismo sendero angosto que habían estado siguiendo. Al filo de la medianoche llegaron a orillas de un gran río negro. Entonces la mujer gritó: "vengan acá a cruzarme", le dijo a la gente que había en una gran isla. "¿De qué has muerto?" le preguntaron "¿De veneno de piedra o de veneno corriente?". "Sólo de veneno corriente he muerto" dijo la mujer. "Anda más abajo" le dijeron.

Al llegar más abajo, cruzó hacia ella un hombre trayendo una gran canoa negra. "¡Entra acá!", le dijeron. La mujer entró a la canoa, llevando a su marido debajo del brazo. Ahí le dijeron: "¿Por qué hueles tan mal?" le dijeron. "¿Por qué será? ¿No estarás trayendo alguna cosa que es de la otra parte [o sea de los vivos]?". "No", dijo la mujer. Así, el hombre fue llevado al otro lado debajo del brazo de su mujer. Ambos cruzaron. Al otro lado, llegaron a una gran isla donde había mucha gente. Allí se oían los sonidos de muchos y variados animales y se veían muchas y variadas aves. Cuando la mujer llegó, fue recibida y ambos fueron bien atendidos.

La mujer le dijo a su marido: "Aquí te quedarás, cuando amanezca estarás nuevamente solo, aquí no quedará ni siquiera uno de nosotros durante todo el día", le dijeron. Durante todo el día se transformaba en carbón la gente que había en esa gran isla. Estuvo vagando solitario y cuando volvió a anochecer, toda la gente se puso en pie nuevamente. Comieron. El hombre se quedó allá por largo tiempo. Se quedó tal vez un mes o dos. Adelgazó mucho y se sintió muy enfermo.

Entonces la mujer le dijo: "Regresa. Anda allá a ver a tu gente, pero no te quedarás allá por mucho tiempo. Pronto volverás acá; es casi como si ya estuvieras viniéndote" le dijeron. Entonces regresó a su casa. Acá vio de nuevo a su gente. Les contó toda la historia, de qué manera había estado allá, en esa gran isla; de qué modo lo había llevado su mujer y cómo estaba allá toda la gente ya muerta. Poco tiempo estuvo acá. Él mismo murió antes de que pasara mucho tiempo. Por eso ahora toda la gente suele decir: los difuntos solamente tres días se quedan en el cementerio. Pasados los tres días se van al mar. Así, hoy toda la gente que vive en las comunidades cuenta esta historia. Hoy la gente la cree. Quien sea el que muere, tiene que ir al mar. De ahí que cuando alguien muere la gente dice: "Regresó al mar". Aquí termina este cuento.

 

FUENTE:
GONZALEZ DELGADO, Ramiro. Relatos orales mapuches y el mito grecolatino de Orfeo y Eurídice. Estud. filol. [online]. 2001, no.36 [citado 17 Noviembre 2007], p.35-59. Disponible en la World Wide Web: <http://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0071-17132001003600003&lng=es&nrm=iso>. ISSN 0071-1713.

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